Fue en el 2012 cuando inicié mi carrera formalmente, trabajando para un familiar en su agencia de medios. Era un trabajo cero creativo y, con el paso del tiempo, entendí que lo mío era otra cosa: algo que oliera a libertad, que me permitiera expresar, sorprenderme y aprender todos los días. Así entré al mundo de la fotografía y la publicidad, pero esa es otra historia…
Desde hace un par de años venía pensando en dedicarme de lleno a las bodas. El ambiente parecía perfecto: lugares increíbles, emociones al límite, buena paga, y sobre todo, el privilegio de documentar momentos irrepetibles. Pero ahí estaba el reto: no bastaba con tener una cámara; había que ser verdaderamente talentoso.
A lo largo de más de 15 años trabajé produciendo cine, televisión y publicidad para marcas de todo tipo, desde pequeñas empresas hasta grandes corporaciones. Sí, parecía vivir el sueño… pero los sueños que perseguía no eran los míos.
Mi último empleo, como Gerente Regional de Mercadotecnia para una marca automotriz japonesa, me llevó al límite. Una mañana, tras una crisis de estrés, regresé a casa y me encontré con mi esposa. Me abrazó y entonces entendí algo doloroso: habían pasado seis meses desde la última vez que la veía de día. ¿Eso era vivir?
Decidí renunciar. Mi esposa me apoyó y, motivado por ella, comencé un nuevo camino: dedicarme a lo que realmente amo.
Ahí encontré mi lugar: la fotografía de bodas. Porque las bodas no son un evento más; son la memoria viva del amor, un legado para toda la vida.
Hoy veo con tristeza que muchos fotógrafos no comprenden el peso de esta responsabilidad. Hay quienes simplemente “toman fotos”, pero capturar una boda requiere algo más: técnica, sensibilidad, experiencia y, sobre todo, el compromiso de contar una historia real.
Por eso me dedico a hacer lo que mejor sé hacer: transformar momentos en recuerdos atemporales, con la mirada de quien entiende que una boda no se repite, que cada sonrisa y cada lágrima son irreemplazables, y que el amor merece ser contado como una auténtica obra de arte.
Agradezco profundamente a las empresas y marcas con las que trabajé durante mi etapa de formación; cada proyecto me dio herramientas, visión y disciplina para llegar hasta aquí. Pero, sobre todo, gracias a las parejas que confían en mí para contar su historia. Ustedes hacen posible que mi trabajo tenga sentido y me inspiran a dar siempre lo mejor detrás de la cámara.